En plan, literalmente 🤔

Llevo ya varios años detrás del “en plan” para intentar saber por qué o cómo es posible que esa expresión tan vulgar sea dicha por tantísima gente, porque he de reconocer que no soporto escucharla a pesar de que cada día la oigo más veces viniendo de todo el mundo (sobre todo de los del pueblo que han salido a alguna ciudad a estudiar o por el motivo que sea y llevan unos años fuera, por eso mismo cuando tengo momentos en los que no hago nada, me gusta investigar por mi cuenta sobre cosas que me gustan como es esta, el tema del habla y de la escritura, y aunque creo que ya he escrito varias veces en la web sobre este tema, voy a dejar un artículo que acabo de encontrar en su fuente original y me ha parecido interesante, así que ahí va:

Cada cierto tiempo aparece una muletilla que adopta gran parte de la población. Se usa en las conversaciones en cualquier sitio, en bares, casas, oficinas, tiendas, y fiestas. La televisión colabora en su difusión, gracias al efecto Mesías. Las usan desde los más lerdos hasta los más cultos, y se adoptan inmediatamente, como un virus. Es inevitable porque utilizamos el lenguaje sobre todo para comunicarnos, y si todo el mundo está diciendo lo mismo, parece que si tú no lo haces estás hablando en un idioma pasado de moda, como el latín. Seguro que es parte de la evolución de los idiomas. Te inventas palabras para describir cosas nuevas, haces las frases más fluidas, y adoptas muletillas que de tanto oírlas se convierten en expresiones aceptadas.

Pero hay algunas que cantan, muchísimo, y que te clasifican como un cateto o como un pretencioso, dependiendo de la burrada. Si las usas en conversaciones con tu círculo de relaciones, que igual también las ha adoptado, nadie se va a dar cuenta. Pero si las usas en presentaciones, la probabilidad de que te clasifiquen por tu vocabulario aumenta con cada persona que añades a la audiencia. Así que deberías asegurarte de que tu vocabulario es neutral, ni torpe ni demasiado sofisticado. Sobre todo, deberías asegurarte de que evitas las palabras de moda, porque no van a decir mucho de tu capacidad crítica ni de tu autoridad como presentador.

Hay dos expresiones que acaban de ser adoptadas, y que dicen que no te has parado a pensar en si eres un loro hablando. La más usada hoy es “a ver”. Puede tener sentido si la usas como introducción a una explicación de algo que tu interlocutor no ha entendido. Pero si dices “a ver” como muletilla de apertura de cualquier frase, el que no está acostumbrado a oírla termina pensando que quieres dártelas de algo.

La otra expresión reciente es “literalmente”. Si la usas para indicar que alguien ha dicho algo tal cual, funciona. También funciona si quieres resaltar la singularidad de un hecho. Pero no funciona si la usas para decir “bajé a la calle y hacía un frío polar, literalmente”, porque si has dicho frío polar ya has resaltado el hecho de que hacía mucho frío y, literalmente, eres redundante.   

Otra adoptada hace no mucho, sobre todo por la población más joven, es “en plan”. Se usa como transición a una frase redundante que pretende reforzar la que acabas de decir. Por ejemplo, “¿tengo que incluir en este proyecto información sobre la zona Sur, en plan, Málaga y Sevilla?”. O “le dije que viniera ya, en plan, que se diera prisa”. Si te paseas por cualquier campus universitario, acabarás con una saturación de “en plan” que no te dejará dormir, en plan, tendrás insomnio.

Algunos otros usos que puedes considerar excluir de tu presentación:

Repetir “¿vale?” continuamente, para verificar que tu interlocutor no tiene nada que objetar a tus declaraciones, pero sin darle tiempo a responder. Después de cinco “vales” tu audiencia piensa que les estás insultando, porque estás asegurándote continuamente de que te han entendido.

Decir “mazo” en vez de “muy”, como en “es mazo de bueno”. La variante más evolucionada elimina el “de” y queda así: “es mazo bueno”, o “mazo peli”. El efecto en una presentación a la audiencia media está entre lo macarra-pendenciero y lo hortera.

“Lo flipo” por “me sorprende”. Es una evolución de “flipante”, aunque “flipar” ya está en el diccionario de la RAE. Yo lo flipo que haya presentadores que lo usen como si la audiencia entera estuviera formada por sus amigos de fin de semana.

“Qué guapo” referido no a alguien, sino a una situación o a un objeto. Si algo te parece llamativo, a lo mejor es bello, o atractivo. Guapo solo es un varón, o tu perro si estiramos la expresión.

“Créeme” es una petición descafeinada que está ganando adeptos, quizá porque la usa Donald Trump en inglés: “believe me folks”. Se usa para darle un aura de extraordinario a la frase a la que acompaña: “Creedme, ahora vais a ver algo poco común”. Lo que la audiencia cree es que no estás muy seguro de que no sea poco común.

Hace casi 20 años se puso de moda decir “de que” cuando no se debía decir. Si usabas la expresión te clasificabas como cateto total. Si lo dices ahora, además estás muy anticuado. Es frecuente oír a políticos y comentaristas de radio soltando sus “de ques” sin que nadie les corrija.

Otra muletilla de hace 10 años es “un poco”. “Querría hablar contigo, un poco para ver qué hacemos”. Se insertaba a modo de caución ante lo que se iba a decir a continuación, por si resultaba demasiado rotundo. El efecto es que apareces como dubitativo y poco seguro de ti mismo.

Por esa época se puso de moda también decir “espectacular” para cualquier cosa que te hubiera gustado mucho. Para que algo sea espectacular de verdad tiene que ser como el Taj Mahal, o al menos como el Monasterio de El Escorial. De otro modo, puede ser buenísimo, o como mucho increíble. Si dices a tu audiencia que algo es espectacular cuando no lo es, vas a perder credibilidad de modo espectacular.

En una presentación, estas palabras te van a clasificar en el grupo de las ovejas que hacen lo mismo que el resto, o en el de los loros que repiten lo que oyen sin saber lo que dicen. En plan, elige bien tu vocabulario.

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