Pena de muerte para el “asesino de Twitter” japonés

Esto sobre la pena de muerte es algo que he visto esta misma mañana en La Vanguardia y me ha llamado la atención, por lo que lo dejo por la web.

pena de muerte
Takahiro Shiraishi, tras ser detenido en 2017.

Asesinó a nueve personas con tendencias suicidas con las que contactó a través de la red.

Takahiro Shiraishi, de 30 años, se llamaba a sí mismo @hangingpro (algo así como “profesional del ahorcamiento”) en una de sus cinco cuentas de Twitter, desde la que se ofrecía a ayudar a las personas que mostraban tendencias suicidas en la red social.

Con mensajes como “No es difícil ahorcarse” o “Si no puedes ayudarte a ti mismo, yo te puedo ayudar”, consiguió atraer a nueve personas -la mayoría chicas jóvenes de entre 15 y 26 años de edad- a su apartamento, donde las estranguló, agredió sexualmente, robó y descuartizó. Tras su detención en 2017, este martes fue condenado a muerte por un tribunal de Tokio.

Su primera víctima le prestó dinero para alquilar un apartamento

Su primera víctima fue una mujer de 21 años a la que conoció en un parque. Tras ganarse su confianza, la joven terminó ayudándolo a alquilar un apartamento en la ciudad de Zama, al suroeste de Tokio, y le transfirió unos 3.700 euros a su cuenta. Durante el juicio, el criminal reconoció que estranguló a la mujer para evitar devolverle el dinero y que luego mató a su novio cuando este le inquirió sobre la desaparición de la chica.

El “asesino de Twitter” o «asesino del hashtag», como se le apoda, dijo que nunca le había interesado el suicidio, pero que lo utilizó como una forma de atraer a más posibles víctimas. Primero, las que identificaba cuando tuiteaban bajo etiquetas como “Quiero morir”, y luego les ofrecía ayuda en su proyecto o incluso morir a su lado. “Era más fácil para mí convencer a la gente con preocupaciones y otros problemas y manipularlos”, declaró durante el proceso.

En total, el acusado acabó con la vida de ocho mujeres y un varón entre los meses de agosto y octubre de 2017. Poco después, la policía lo arrestó mientras investigaba la desaparición de una mujer de 23 años. Al parecer, su hermano consiguió acceder a su cuenta de Twitter, donde detectó un nombre de usuario con mensajes sospechosos y se lo comunicó a la policía.

En la mañana de Halloween de ese año, los agentes descubrieron en la casa de Shiraishi los restos de los cuerpos desmembrados escondidos en neveras y cajas de herramientas.

La defensa pedía que se le juzgara por «asesinato con consentimiento»

Durante el juicio, los abogados defensores pidieron que los cargos contra su cliente se redujeran a “asesinato con consentimiento” -castigado con una pena de entre seis meses y siete años de prisión- alegando que las víctimas habían acudido a su apartamento con la voluntad de buscar la muerte.

Sin embargo, el propio acusado admitió ante el tribunal que ninguna de las mujeres había dado su consentimiento para morir, y que incluso había matado a una mientras dormía y a otra poco después de que ella planeara comer “algo delicioso” e ir a un salón de juegos.

El juez Naokuni Yano dijo que el caso había causado una enorme “conmoción y ansiedad” a la nación, donde este tipo de sucesos no son nada frecuentes. “Es extremadamente grave que se haya quitado la vida a nueve jóvenes. Se pisoteó la dignidad de las víctimas”, añadió.

Japón suele reservar la pena de muerte para los condenados por múltiples asesinatos, y las ejecuciones se llevan a cabo en la horca. El sentenciado ya dijo que no pensaba apelar.

Repunte de suicidios en Japón vinculados a la crisis del coronavirus

Japón cuenta con una de las tasas de suicidios más altas entre los países industrializados. En la última década, el número de suicidios ha disminuido significativamente, pero este año se ha registrado un repunte, sobre todo entre las mujeres, algo que los expertos relacionan con la pandemia de coronavirus.

En declaraciones al Washington Post, Jiro Ito, directora de una oenegé que trabaja para prevenir los suicidios, declaró que este caso revela la gran cantidad de personas vulnerables que buscan ayuda tuiteando sobre pensamientos suicidas, y que la sociedad necesita brindarles más apoyos.

“Lo fundamental que refleja este caso es que hay personas que no pueden decir ‘por favor, ayúdenme’ en persona, en el mundo real. Eso es porque se sienten muy solos o con demasiado dolor para hacerlo. Eso los ha llevado a escribir en la red”, aseguró.

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